Para el expresidente de la Sala Capitular de Santiago, Antonio Cid López, el Estado debe asumir una política medioambiental urgente orientada a proteger las fuentes de agua en la República Dominicana, debido a que son vitales para el desarrollo del país y el bienestar común.
Según Cid López, preservar los ríos, arroyos, norias, manantiales, lagos, presas y aguas subterráneas constituye un compromiso y un deber patriótico, ya que estos recursos son imprescindibles para la producción de alimentos, el riego de los suelos productivos, la generación de energía eléctrica, el consumo humano y el desarrollo de las distintas actividades productivas.
“Una fuente de agua garantiza el suministro de este preciado líquido para dinamizar la producción agropecuaria, la industria y el comercio, generar electricidad y abastecer de agua potable a la población”, expone el exfuncionario municipal.
A su juicio, “la protección de las fuentes de agua puede reducir los riesgos para la salud al evitar la circulación de agentes microbianos que podrían afectar a las personas. Por tanto, se deben invertir los recursos económicos necesarios y emplear tecnologías de punta para proteger los espacios acuíferos”.
“También, la protección de la calidad del agua es indispensable para conservar la riqueza silvestre y las distintas especies que nos proporciona la madre naturaleza”, asegura Cid López.
Medidas apremiantes
Entre las medidas prioritarias, Cid López propone reforestar las cuencas de los ríos y las montañas, combatir la contaminación, regular la extracción de arena, gravilla y otros materiales de los cauces, reducir la explotación minera, delimitar los terrenos destinados a la producción agropecuaria y las áreas boscosas, disminuir la sedimentación de los suelos y articular programas productivos agroforestales.
“Por ejemplo, en las zonas boscosas de Villa González desaparecieron muchos manantiales y norias como consecuencia de la tala indiscriminada de árboles, la quema de carbón y la explotación minera sin control. Eso constituye un crimen ecológico, una situación que debe obligar a las autoridades a intervenir y poner fin a esas prácticas que devastan los recursos naturales”, subrayó.
“Otra acción urgente es educar y orientar a las familias para concienciarlas sobre la importancia de rescatar, conservar y preservar las riquezas naturales, así como propiciar un equilibrio entre los ecosistemas y el ser humano”, sostuvo.
“Es preciso que el Estado y la ciudadanía aúnen esfuerzos y voluntades para impulsar iniciativas en favor de un ambiente sano y un hábitat agradable, a fin de aprender a convivir con la naturaleza sin destruirla”, concluyó.
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