Una vez escuché que la solidaridad es la ternura de los pueblos, por lo tanto, la economía solidaria serían sus abrazos. La economía solidaria surge en el siglo 18. Para entonces durante la segunda revolución industrial se fortalece el capitalismo y con ello la polarización social.
En este contexto surge el cooperativismo como respuesta a la convulsión económica y social imperante. Pero es en los años ochenta cuando el cooperativismo resurge ante el fracaso del sistema capitalista y neoliberal para responder a las verdaderas necesidades y es cuando surgen alternativas desde la propia sociedad civil para dar respuestas reales frente a la globalización capitalista.
Una Cooperativa es, según la Alianza Cooperativa Internacional, una asociación autónoma de personas agrupadas de forma voluntaria que satisfacen necesidades comunes, económicas, sociales y culturales por medio de una empresa de propiedad colectiva y que se gestiona de forma democrática.
En nuestro país llega en los años cuarenta el movimiento cooperativista de la mano de la orden sacerdotal de los Scarboros quienes envían al técnico padre Pablo Steele, padre del cooperativismo dominicano, a sembrar la semilla del movimiento en la República Dominicana.
Estas entidades se rigen por siete principios fundamentales: Adhesión libre y voluntaria, Gestión Democrática, Participación Económica, Educación, formación e información, Cooperación entre Cooperativas e Interés por la Comunidad.
Hoy en día, el cooperativismo es una fuerza indeleble que ha logrado el desarrollo socio económico de miles y miles de dominicanos de bajos recursos. Existen cooperativas de producción, de trabajo, de consumo, de servicios múltiples y las de ahorros y créditos, que son la mayoría.
Las Cooperativas de Ahorros y Créditos no son bancos, pues no tienen clientes, tienen socios que son sus propietarios.
Algunos parecen desconocer el impacto positivo que estas entidades han transmitido a sus comunidades, no solo con soluciones e inclusión financiera, sino con trascendentales planes sociales y servicios comunitarios que han llevado sosiego a la población. La responsabilidad social es parte de la integración cooperativista, está en su ADN.
Desde mi punto de vista, el cooperativismo, sobre todo el de ahorros y crédito necesita un profundo remozamiento de su marco legal, ya que el actual luce obsoleto. Siempre he pensado que debería existir, por su importancia y envergadura, una Superintendencia de Cooperativas, con una intendencia para las de ahorros y créditos y otra intendencia para las de producción y demás. El cooperativismo dominicano necesita una regulación adherida a los nuevos tiempos de la tecnología y la inteligencia artificial, pero nunca desconociendo su naturaleza solidaria.
También el cooperativismo necesita una base estadística que promueva acciones para el desarrollo económico del sector. Así mismo, se requiere de una gestión basada en riesgos donde se pueda supervisar cada entidad de forma proactiva a través de indicadores financieros y de gestión social.
En fin, nadie puede desconocer el potencial del cooperativismo como canal de desarrollo socio económico de la población. Los excedentes al final de cada periodo fiscal se distribuyen con equidad entre los socios, no se queda en manos de unos pocos. Esto es algo sumamente importante que refleja el carácter solidario de estas instituciones de la economía social.
Luchemos por un cooperativismo moderno, con regulaciones propias del sector, que reconozcan su naturaleza solidaria y que proteja el desarrollo de los dominicanos de a pie.
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