Cuando hacemos correcciones de acuerdo con los intereses del evangelio y por la Palabra, no habrá secuela de amargura ni resentimientos; y fue el caso de Pablo cuando reprende a Pedro. Muchas veces nos hacemos presumidos; muchos se creen vacas sagradas, intocables e infalibles, sin discernir que pueden estar desagradando a Dios y afectando el evangelio de Cristo. Esta obra se trata de Cristo, y en la misma tenemos que ser edificados conforme al diseño.
El apóstol Pablo no titubeó en corregir a Pedro, él no vio el estatus de Pedro, de que tenía más tiempo, de que caminó con Jesús, de que comenzó primero en el ministerio, en fin, todos los privilegios que tenían los doce en Jerusalén, principalmente, Pedro, Jacobo y Juan. Sin embargo, el apóstol Pablo lo vio como parte del cuerpo de Cristo, de que lo que hacía no estaba bien ante el evangelio que ellos estaban implementando como zapata en los inicios de la iglesia.
Esa es la actitud, verse como uno en Cristo. Pablo no lo hizo para fastidiar a Pedro, lo hizo por el evangelio que profesaban. Porque Pedro, Jacobo y Juan eran reconocidos, eran columna que se convirtieron en apóstoles principales de la iglesia en el establecimiento y sostenimiento de la iglesia, por tanto, debían caminar con lealtad y firmeza. Leamos la causa de la reprensión dicha con autoridad y por la Palabra:
“Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aún Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos. Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿Por qué obligas a los gentiles a judaizar? Nosotros, judíos de nacimiento, y no pecadores de entre los gentiles, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.
Y si buscando ser justificados en Cristo, también nosotros somos hallados pecadores, ¿Es por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna manera. Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago. Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios”. Gálatas 2:11-19
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