La celebración en Santiago del 41.º período de sesiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) coloca a la República Dominicana en el centro de una conversación de especial importancia para el presente y el futuro de la región: cómo recuperar mayores niveles de crecimiento económico y convertirlos en oportunidades de desarrollo y bienestar para la población.
El encuentro adquiere relevancia en un contexto regional que demanda respuestas a desafíos persistentes. América Latina y el Caribe registró un crecimiento promedio de 1,3 % anual entre 2016 y 2025, un desempeño que plantea la necesidad de elevar la productividad, estimular la inversión, fortalecer las capacidades productivas y crear condiciones que permitan generar más empleos.
El secretario ejecutivo de la CEPAL, José Manuel Salazar-Xirinachs, ha señalado que el crecimiento económico no resuelve por sí solo todos los problemas, pero constituye una condición necesaria para ampliar las posibilidades de generación de empleo, reducir la pobreza y disponer de mayores recursos para financiar la educación, la salud, la infraestructura y la protección social.
Para la República Dominicana, esta discusión tiene una dimensión particular. El propósito de duplicar el tamaño real de la economía hacia 2036 plantea una perspectiva de largo plazo que requiere continuidad en las políticas públicas, estabilidad macroeconómica, seguridad jurídica, fortalecimiento institucional y condiciones favorables para la inversión. También demanda una atención sostenida a la formación del capital humano, la productividad y la capacidad de innovación.
Pero el crecimiento no debe confundirse con desarrollo. Las economías enfrentan el reto de expandirse, al tiempo, que mantienen instituciones confiables, educación pertinente, servicios públicos eficientes y políticas sociales capaces de atender las necesidades de quienes se encuentran en condiciones de mayor vulnerabilidad.
La cooperación regional adquiere una importancia crucial en un escenario internacional caracterizado por tensiones geopolíticas, incertidumbre económica y problemas que trascienden las fronteras nacionales. Ningún país puede enfrentar aisladamente transformaciones que afectan el comercio, las inversiones, la tecnología, el empleo y las condiciones de vida de sus ciudadanos.
Santiago tiene, por tanto, la oportunidad de que la reunión de la CEPAL trascienda el carácter de una importante cita internacional.
El verdadero significado de este encuentro estará en la capacidad de convertir el intercambio de ideas y los acuerdos alcanzados en acciones que contribuyan a elevar la productividad, promover la inversión, generar empleos y ampliar las oportunidades de estabilidad y bienestar para las familias. Es una tarea que exige cooperación, responsabilidad compartida y una visión de largo plazo, principios que forman parte de la misión de la CEPAL y que pueden encontrar en este encuentro un nuevo impulso para el desarrollo de la región.
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