Es una creencia muy común en los medios de comunicación y las conversaciones cotidianas de que los temblores pequeños son beneficiosos porque liberan energía y evitan un terremoto mayor. Sin embargo, la ciencia demuestra que esto es un mito. Los sismos menores no previenen un evento de gran magnitud e incluso, en algunas ocasiones, pueden actuar como sismos premonitores, sirviendo como el aviso de que un movimiento telúrico mucho más fuerte está por ocurrir.
El error principal de este mito radica en que la energía sísmica no aumenta de forma lineal, sino de forma exponencial. Cada vez que la magnitud de un sismo sube un número entero, la energía liberada se multiplica aproximadamente por 32. Por ejemplo, un temblor de magnitud 5 es 32 veces más potente que uno de magnitud 4, mientras que un sismo de magnitud 7 libera más de 32,000 veces la energía de ese mismo temblor de magnitud 4. La diferencia se vuelve abismal al llegar a un terremoto de magnitud 8, cuya potencia es más de un millón de veces superior a la de un sismo de magnitud 4.
Esta escala exponencial demuestra que es matemáticamente imposible que los sismos pequeños "limpien" o descarguen la energía de una zona. Para evitar que ocurra un solo temblor de magnitud 5, tendrían que registrarse 32 sismos de magnitud 4 en el mismo lugar. Siguiendo esa misma lógica, para liberar la energía de un único terremoto de magnitud 8 y evitar que suceda, tendrían que ocurrir más de un millón de temblores de magnitud 4, una frecuencia de eventos que simplemente no se da en la naturaleza.
Además, se debe tener en cuenta que la energía no se acumula de forma generalizada en una región entera, sino de manera individual en cada falla geológica. Si en una zona existen tres fallas activas y una de ellas genera un fuerte sismo de magnitud 7.5, esa estructura en específico habrá liberado su tensión acumulada, pero las otras dos fallas vecinas mantendrán su potencial sísmico intacto. Por lo tanto, el riesgo de un gran terremoto en la región persistirá debido a las fallas que aún no han fracturado.
Finalmente, la extensión de la ruptura también desmiente este mito. Un temblor de magnitud 4 suele fracturar o deslizar apenas un kilómetro de la falla, mientras que los grandes terremotos de magnitud 8 pueden romper cientos de kilómetros. En una falla de 1,000 kilómetros de largo, la ocurrencia de sismos pequeños solo desliza zonas sumamente aisladas, lo que provoca que el resto de la estructura mantenga intacta su tensión y el peligro latente de un gran evento.
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