La preservación del medio ambiente ha dejado de ser una aspiración para convertirse en una necesidad impostergable. El cambio climático, la degradación de los ecosistemas, la disminución de las fuentes de agua, la pérdida de biodiversidad y el crecimiento urbano desordenado constituyen desafíos que comprometen no solo el bienestar de las generaciones presentes, sino también el derecho de las futuras generaciones a disfrutar de un planeta saludable y sostenible.
Ante esta realidad, las universidades están llamadas a desempeñar un papel que trasciende la formación profesional. Su misión comprende la generación de conocimiento, la investigación científica, la innovación, la formación ética y la promoción de una ciudadanía responsable. La academia debe convertirse en un espacio donde se construyan soluciones para los grandes problemas de la sociedad y donde la sostenibilidad ocupe un lugar central dentro del proceso educativo.
Ese compromiso quedó claramente evidenciado durante la Quinta Asamblea Anual del Consejo de la Cuenca Baja del Río Yaque del Norte (CONORYAQUE), escenario que reunió a instituciones públicas, privadas, académicas y comunitarias comprometidas con la protección de uno de los recursos hídricos más importantes de la República Dominicana. En ese espacio de diálogo y concertación, la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA) reafirmó su histórica vocación de servicio y su firme compromiso con la conservación del patrimonio natural de la región noroeste.
La presencia de UTESA en CONORYAQUE no constituye un acto protocolar ni una participación circunstancial. Representa la continuidad de una filosofía institucional que, desde su fundación, ha entendido que el desarrollo económico carece de sentido si no se fundamenta en el respeto por la naturaleza, en la justicia social y en el bienestar colectivo. Esta visión ha permitido que la universidad asuma un papel activo en la promoción de iniciativas orientadas a la educación ambiental, la investigación científica y la vinculación permanente con las comunidades.
Hablar del compromiso ambiental de UTESA conduce inevitablemente a recordar la figura de su fundador, el Dr. Príamo Rodríguez Castillo, educador, humanista y visionario, cuyo pensamiento trascendió el ámbito universitario para convertirse en una referencia nacional sobre la responsabilidad social de la educación superior.
Mucho antes de que conceptos como desarrollo sostenible, economía verde o cambio climático formaran parte del lenguaje cotidiano, el Dr. Rodríguez Castillo advertía sobre la necesidad de proteger los recursos naturales y de incorporar la dimensión ambiental como componente esencial de la formación integral de los profesionales.
Su visión estaba sustentada en una convicción profundamente humanista: el progreso de una nación solo puede considerarse auténtico cuando se construye respetando la naturaleza y promoviendo una convivencia armónica entre el ser humano y su entorno.
Esa filosofía se tradujo en decisiones concretas que marcaron el rumbo de UTESA. Una de las más trascendentales fue la incorporación de la asignatura Educación para el Medio Ambiente dentro de los planes de estudio de todas las carreras, una iniciativa innovadora para su época que convirtió a la institución en pionera de la educación ambiental en la República Dominicana.
Con ello, UTESA no solo formaba profesionales competentes en sus respectivas disciplinas, sino también ciudadanos conscientes de que el ejercicio responsable de cualquier profesión implica proteger el patrimonio natural.
La visión ambiental del Dr. Príamo Rodríguez Castillo trascendió las aulas. A través de conferencias, artículos periodísticos, publicaciones y encuentros comunitarios, promovió una auténtica cultura de respeto por los recursos naturales, especialmente por las cuencas hidrográficas del Cibao y del noroeste. Comprendía que el agua representa el recurso estratégico más importante para garantizar la seguridad alimentaria, la producción agrícola, la salud pública y el desarrollo económico de la nación.
Su liderazgo también se manifestó en el respaldo a iniciativas nacionales dirigidas a fortalecer la institucionalidad ambiental. Defendió la creación del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales y apoyó con firmeza las acciones encaminadas a preservar áreas de alto valor ecológico, entre ellas Loma Miranda, convencido de que la protección de estos espacios constituye una responsabilidad ética y patriótica.
Ese pensamiento quedó recogido en una extensa producción intelectual que evidencia la coherencia entre sus ideas y su acción. Entre sus publicaciones destaca especialmente Reflexiones sobre el Medio Ambiente (2019), considerada una de sus obras de mayor contenido humanístico. En sus páginas, el autor invita a comprender que la defensa del medio ambiente no corresponde únicamente a los gobiernos ni a los especialistas, sino que constituye una responsabilidad compartida por toda la sociedad. La educación, sostiene, es la herramienta más poderosa para transformar la conciencia colectiva y construir un modelo de desarrollo sostenible.
Durante la presentación de esa obra, el entonces ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales resaltó el extraordinario aporte del Dr. Príamo Rodríguez Castillo a la construcción de una cultura ambiental en la República Dominicana. Más que un reconocimiento personal, aquellas palabras confirmaron el impacto de una vida dedicada a promover el conocimiento, el servicio y la defensa del bien común.
Hoy, varios años después de su partida física, ese legado continúa plenamente vigente. No permanece únicamente en los libros ni en la memoria de quienes compartieron con él; vive en la filosofía institucional de UTESA, en sus programas académicos, en sus proyectos de investigación, en sus iniciativas de extensión universitaria y en el compromiso cotidiano de una comunidad académica que entiende que formar profesionales implica también formar ciudadanos responsables con su entorno.
En un contexto mundial caracterizado por profundas transformaciones ambientales, la misión de las universidades adquiere una relevancia extraordinaria. Ya no basta con transmitir conocimientos técnicos; es indispensable cultivar valores, promover la investigación aplicada y generar soluciones innovadoras que contribuyan a mejorar la calidad de vida de las personas sin comprometer los recursos de las generaciones futuras.
UTESA ha asumido ese desafío con responsabilidad y visión de futuro.
Su participación activa en espacios como CONORYAQUE constituye una expresión concreta de una universidad que comprende que la educación superior debe ser un motor para el desarrollo sostenible y un puente permanente entre la ciencia, la sociedad y el Estado.
Cándido E. Almánzar,
educador y gestor universitario.
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