¡Buenos días amigos!... Hay fines de semana en los que una ciudad parece recordar quién es. Santiago, con su historia escrita en las piedras, en las plazas y en la memoria de sus hombres y mujeres, vuelve a vestirse de patria para conmemorar la Gesta de la Restauración Dominicana. Pero esta vez la celebración no se limita a mirar hacia el pasado: también nos invita a preguntarnos qué significa hoy amar a la patria.
Mañana sábado, el entorno del Monumento a los Héroes de la Restauración se convertirá en escenario de una edición especial de “Tarde de Parque”, con música típica, danza folclórica, una orquesta juvenil, exposiciones de artes visuales y artesanía, hasta culminar con un espectáculo luminotécnico sobre ese emblemático símbolo de Santiago. Y el domingo, a las cuatro de la tarde, el Gran Teatro del Cibao abrirá sus puertas al “Concierto por la Patria”, a cargo de la Orquesta Filarmónica de Santo Domingo, con las voces de Carlos Alfredo Fatule, Adalgisa Pantaleón, Jessy Savery y el grupo coral Koribe.
Quizás la verdadera grandeza de estas celebraciones no esté únicamente en la música, las luces o la belleza de un espectáculo. Está en la posibilidad de reunir a las familias alrededor de una historia que nos pertenece a todos. Porque una nación también se construye cuando sus hijos aprenden a reconocer, sin estridencias, el sacrificio de quienes hicieron posible que hoy podamos llamarnos dominicanos.
Y mientras Santiago celebra su memoria, la ciudad recibe otra invitación, esta vez a mirar hacia el futuro. Ágora Santiago Center anuncia la llegada, por primera vez, del Árbol de la Esperanza, una plataforma solidaria que del 15 de septiembre al 11 de octubre movilizará empresas, instituciones, medios de comunicación y ciudadanos en favor de la Fundación Madre y Maestra, el Voluntariado Jesús con los Niños y Donantes RD.
Qué hermoso contraste: mientras un árbol representa la esperanza, una ciudad entera puede convertirse en sus raíces.
La solidaridad no necesita grandes discursos para demostrar su grandeza. A veces basta una decisión sencilla: ayudar a un joven a alcanzar la educación superior, acompañar a un niño y a su familia en un momento de vulnerabilidad o contribuir a fortalecer la cultura de la donación voluntaria de sangre. Son gestos que quizá no ocupen las primeras páginas, pero que pueden cambiar para siempre la historia íntima de una persona.
El Árbol de la Esperanza llega a Santiago después de diez años de trayectoria y encuentra aquí una tierra fértil para la solidaridad. Nuestra región tiene una manera particular de organizarse cuando una causa lo merece. Hay en los santiagueros una vocación de encuentro, una capacidad para tender puentes y una sensibilidad que aparece con mayor fuerza cuando alguien necesita una mano amiga.
Y acaso sea esa la otra cara de la patria: no solamente aquella que se defiende con heroísmo en los campos de batalla, sino aquella que se construye silenciosamente en las aulas, en los hospitales, en las fundaciones y en cada gesto de generosidad.
En esa misma conversación entre lo visible y lo invisible se inscribe la invitación que recibo del artista visual Feliberto Pichardo para la apertura de su tercera exposición individual, “Más Allá de la Forma”, esta noche, a las 7:30, en Casa de Arte. Una muestra dedicada a la esperanza, al color y a aquello que permanece invisible, pero que vive dentro de nosotros.
Y entonces comprendo que quizá todos estos acontecimientos están unidos por un mismo hilo: la necesidad humana de creer en algo que trascienda el instante. La patria vive en la memoria de sus héroes; la esperanza, en quienes todavía creen que pueden transformar una vida; el arte, en aquello que logra mostrarnos lo que los ojos no siempre alcanzan a ver. Tres caminos diferentes que terminan conduciendo al mismo lugar: al corazón humano.
Este fin de semana Santiago tendrá música, luces, arte y patriotismo. Pero, sobre todo, tendrá una oportunidad para reencontrarse consigo misma. Y quizá esa sea la mejor manera de honrar a quienes nos legaron una patria: demostrando que todavía somos capaces de construir esperanza, de celebrar juntos y de mirar más allá de la forma para descubrir lo esencial.
Porque al final, cuando pasan las luces, termina la música y el silencio vuelve a ocupar las plazas, solo permanece aquello que verdaderamente sembramos en los demás. Y una patria, como un árbol, solo permanece viva cuando alguien se ocupa de sus raíces….Dios los bendiga en cada amanecer.
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