Interlíneas edición 19 de agosto 2026

Interlíneas edición 19 de agosto 2026

!Buenos días amigos!... Hay ciudades que crecen hacia arriba y ciudades que crecen hacia adentro. Las primeras levantan edificios, abren avenidas, inauguran obras. Las segundas, además de todo eso, construyen una atmósfera: una manera de sentirse, de reconocerse y, sobre todo, de ser recordadas.

Ayer hablaba de los imaginarios que Santiago ha sido capaz de construir y de cómo buena parte de su desarrollo tiene que ver, precisamente, con esa capacidad de producir una atmósfera propia. Hoy quiero volver sobre esa idea, porque quizá allí está una de las claves menos visibles —y más poderosas— de nuestro potencial turístico.

Santiago no es solamente infraestructura. No son únicamente sus nuevas avenidas, su teleférico, el monorriel que se aproxima ni esa transformación urbana que comienza a dibujar una ciudad más cosmopolita, más conectada y más abierta al visitante. Todo eso importa, por supuesto. Pero ninguna ciudad se convierte en destino únicamente porque tenga obras.

Un destino nace cuando esas obras empiezan a contar una historia. Y Santiago tiene historias de sobra. Tiene una gastronomía diversa, atrevida, mestiza, sorprendente, capaz de dialogar con la memoria y con la innovación. Una cocina que, por su riqueza y capacidad de provocar los sentidos, podría sentar a la mesa —sin pedirle permiso a nadie— al mismísimo Jean Anthelme Brillat-Savarin, aquel gran filósofo francés que entendió que la gastronomía era mucho más que comer: era también cultura, placer, conversación y civilización.

Pero hay algo más. Tenemos que comenzar a mirar con mayor conciencia todo aquello que sucede en la ciudad y que muchas veces pasa inadvertido porque no siempre lo convertimos en relato turístico. 

Los grandes acontecimientos culturales, los encuentros, los festivales, el arte, la música, el teatro, la literatura, nuestras tradiciones, nuestros personajes, nuestros espacios públicos y esa particular manera cibaeña de relacionarnos con el mundo no son acontecimientos aislados. Juntos dicen algo.

Y cuando todas esas expresiones se juntan, aparece la ciudad. Aparece su personalidad. Aparece su alma. Por eso Santiago está dejando atrás aquella simpática definición con la que alguna vez la llamé “Mi Petit Hollywood”. Ya no basta con ser una ciudad encantadora, creativa, de noches intensas y personajes inolvidables.

Estamos frente a otra escala de ciudad: una ciudad que comienza a entender que el turismo contemporáneo no busca únicamente lugares para visitar, sino atmósferas que experimentar y relatos con los cuales identificarse.

Ahí está el verdadero desafío. No se trata solamente de atraer turistas. Se trata de darles razones para quedarse, para regresar y para contar que estuvieron aquí. Porque el turismo que transforma una ciudad no es el que solamente consume sus atractivos; es el que se lleva una emoción.

Y esa emoción no se construye con cemento. Se construye con identidad. Una ciudad poderosa no es la que hace más ruido, sino la que es capaz de decir algo cuando el ruido se apaga. Y Santiago está empezando a decirlo con claridad.

Lo dice desde su monumental entrada. Lo dicen sus montañas, sus calles, sus sabores, sus escenarios culturales, su gente y esa mezcla tan nuestra de orgullo, espontaneidad y vocación de encuentro. Lo dice, también, una ciudad que ya no quiere ser únicamente contemplada, sino comprendida.  Santiago no necesita inventarse otra personalidad. Necesita reconocer, ordenar, proteger y proyectar la que ya tiene.

Porque cuando una ciudad descubre su propia voz, deja de ser simplemente un lugar en el mapa. Se convierte en destino. Y Santiago, desde el corazón mismo del Cibao, parece haber entendido finalmente que su mayor monumento no es una obra de concreto.

Es el imaginario que hemos construido juntos.  Por eso, cuando el ruido se apaga y la ciudad queda frente al espejo de su propia historia, hay una frase que todavía resuena con una fuerza que ninguna infraestructura puede sustituir: ¡Santiago es la ciudad corazón!... Dios los bendiga en cada amanecer. 

 

 

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Autor

Servio Cepeda Baré

Digital Press Platform

Equipo de redacción de Digital Press Platform.

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