!Buenos días amigos!...Hay fines de semana que no caben en el calendario porque, más que sucederse, dejan una enseñanza. Son jornadas en las que una ciudad parece mirarse en el espejo de sus propias virtudes y descubrir que detrás de sus empresas, de sus artistas, de sus comunicadores y de sus instituciones existe una fuerza mayor: la voluntad de un pueblo que se resiste a ser espectador de su destino.
Eso fue, en buena medida, lo que dejó Expo Cibao 2026 al cerrar el domingo su trigésima novena edición. Durante varios días, el Parque Central de Santiago se convirtió en una especie de vitrina del espíritu emprendedor del Cibao, donde negocios, innovación, conferencias y experiencias confluyeron bajo un lema que bien podría resumir una aspiración colectiva: “Unidos por la competitividad”.
Porque competir no significa necesariamente vencer al otro; significa, muchas veces, superarnos a nosotros mismos.
La presencia del presidente Luis Abinader durante el sábado otorgó especial relieve a una jornada en la que pudo recorrer las instalaciones, conversar con empresarios, emprendedores y visitantes y conocer iniciativas que reflejan el dinamismo de una región acostumbrada a transformar las dificultades en oportunidades. Y hasta la lluvia, que quiso imponer su propia agenda, terminó formando parte de aquella escena de trabajo y entusiasmo.
Ahora queda abierta la página de una nueva historia: del 15 al 19 de septiembre de 2027 llegará la edición número 40. Cuatro décadas no son solamente tiempo acumulado; son la huella de una institución que ha sabido permanecer porque ha comprendido que quien deja de renovarse comienza, silenciosamente, a despedirse del futuro.
Pero mientras Santiago mostraba al país su músculo empresarial, otros dominicanos mostraban en Madrid el alma festiva de nuestra identidad.
La comunicadora y productora Mariasela Álvarez, Miss Mundo 1982, y el artista visual Manuel Montilla fueron coronados Reina Momo y Rey Momo de la representación dominicana en la Cabalgata de la Hispanidad 2026. Y hubo algo particularmente hermoso en la manera en que Mariasela asumió ese momento: aun con la corona, no abandonó su oficio. “Yo soy la reina, pero yo no puedo dejar de ser periodista”, expresó mientras transmitía en vivo para los dominicanos.
Acaso esa frase encierre una verdad mayor: podemos cambiar de escenario, vestir otras galas y recibir otras coronas, pero nunca debemos desprendernos de aquello que somos.
La patria también se honra cuando se reconoce a quienes trabajan por ella desde la discreción y la constancia. Por eso adquiere especial significado la distinción otorgada por Adocco, presidida por Julio César de la Rosa Tiburcio, al comunicador y buen amigo José Alberto Peña Cabreja, Alberto José, por sus aportes al fortalecimiento del Estado de Derecho y la transparencia.
Compartimos con él y su familia la alegría de un reconocimiento que no premia solamente una actuación, sino una conducta. Y es que el tiempo termina revelando algo que ninguna ceremonia puede ocultar: los aplausos pasan; las obras permanecen.
Esa misma filosofía de servicio sostiene a la Rama Femenina Contra el Cáncer, que arriba a sus 62 años anunciando su tradicional Cena de Gala Anual, el viernes 23 de octubre, en la Casa Club del Centro Español de Santiago.
La obra iniciada por doña Olga Cruz de González continúa ahora bajo la presidencia de su hija, Patricia González Cruz, quien asume el legado junto a una nueva Junta Directiva, incorporando una visión más moderna sin renunciar a los principios fundacionales. El propósito permanece intacto: recaudar recursos para acompañar y apoyar a pacientes oncológicos de escasos recursos.
Y quizá sea ahí donde encontremos la dimensión más noble de estos días: en comprender que una sociedad no se mide únicamente por lo que produce, sino también por lo que comparte; no solamente por sus grandes empresas, sino por la grandeza de sus causas; no solo por la manera en que celebra sus triunfos, sino por la forma en que acompaña el dolor de sus semejantes.
Expo Cibao nos recordó que sabemos construir futuro. Madrid nos recordó que sabemos llevar nuestra identidad más allá de las fronteras. El reconocimiento a Alberto José nos recordó que la integridad también merece ser celebrada. Y la Rama Femenina Contra el Cáncer nos enseñó, una vez más, que servir es una de las formas más altas de amar.
Al final, quizá esa sea la verdadera grandeza del Cibao: no solamente producir riquezas, sino producir esperanza; no solamente levantar empresas, sino levantar voluntades; no solamente llevar una bandera, sino hacerla digna allí donde ondee.
Porque una patria no se lleva únicamente en un documento, en un himno o en una bandera. Se lleva en la conducta, en el trabajo, en la solidaridad y en la memoria.
Y cuando un pueblo consigue que sus mejores obras hablen por él, entonces sus fronteras dejan de ser límites: se convierten en el lugar desde donde comienza a reconocerse su grandeza....
Siempre que Dios los bendiga en cada amanecer.
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