Buenos días amigos!... Hay días en que la ciudad parece respirar distinto. Como si el aire trajera consigo una memoria antigua, una insistencia silenciosa que nos obliga a mirar más hondo. Hoy, a las siete de la noche, en Santiago, ese pulso tendrá nombre: “El coraje que nos falta”, la obra que presenta Milagros de Jesús de Féliz.
Pero no es solo un libro. Es, en realidad, una especie de espejo incómodo, construido a lo largo de 26 años de acompañamiento a jóvenes en situación de vulnerabilidad. Un espejo donde la fragilidad no es debilidad, sino una forma distinta de resistencia.
Hay historias que no piden ser leídas, sino escuchadas con el alma. Historias que no gritan, pero permanecen. En esa colección de vidas —tejidas con ternura, cicatrices y una esperanza obstinada— se revela algo esencial: la dignidad no es un concepto abstracto, es una tarea diaria.
Y quizá por eso esta primera edición, destinada a beneficiar a la Escuela Flor del Campo, la Fundación Monumento Viviente y Acción Callejera Fundación Educativa, no se limita a narrar, sino que convoca. Nos llama a detener la prisa, a mirar de frente una realidad que demasiadas veces preferimos rodear.
Mientras tanto, en otro rincón de la cotidianidad, la vida celebra su propio acto íntimo: la señora Conchy Jorge de Cortiñas suma un año más entre abrazos, risas y afectos que se pronuncian en voz baja. Cumplir años es, en el fondo, una ceremonia discreta contra el olvido. Una afirmación de que aún hay sueños por nombrar, batallas por librar, caminos por insistir. Cada cumpleaños es un pacto renovado con lo posible.
Y en medio de este tejido de historias —unas que comienzan, otras que persisten— la música levanta su propia pregunta. Desde Bogotá, el CEO de la Academia Latina de la Grabación, Manuel Abud, recuerda que los premios no son un reflejo de cifras ni de popularidad, sino de excelencia.
En tiempos donde el ruido digital mide el éxito en reproducciones, defender el arte como criterio es casi un acto de rebeldía. Porque la verdadera música, como la verdadera literatura, no siempre es la más escuchada, sino la que logra permanecer cuando todo lo demás se disuelve.
Quizá de eso se trate también el encuentro de prensa esta noche, a las 7:30, en la explanada de la plaza Bella Terra Mall, donde se darán a conocer los detalles de la Reina Infantil de Carnaval.
Allí, entre luces y expectativas, se reafirma otra forma de expresión: la cultura que se hereda, que se reinventa, que encuentra en la infancia una promesa de continuidad. No es solo un evento; es un recordatorio de que las tradiciones siguen latiendo, incluso cuando el mundo cambia de ritmo.
Y hablando de ritmos, hay uno que ha marcado generaciones enteras: la radio dominicana, que celebra en 2026 sus cien años de operaciones. Un siglo de voces que acompañan madrugadas, que narran historias, que informan, consuelan y construyen comunidad.
Aunque el centenario no haya sido celebrado con estridencia, su evolución ha sido constante: de las ondas hertzianas a la inteligencia artificial, de las cabinas cerradas a las transmisiones visuales y el streaming.
En esa memoria sonora resuena un nombre imprescindible en Santiago: José Enrique McDougal, fundador de Radio Amistad. Su legado no es solo técnico ni histórico; es emocional. Porque la radio, en su esencia más pura, es compañía. Es la certeza de que alguien, en algún lugar, está hablando para ti.
Y tal vez ahí, en ese cruce de historias —el coraje que se escribe, la vida que se celebra, el arte que resiste, la tradición que se reinventa y la voz que perdura— se esconda una misma pregunta: ¿qué estamos haciendo con lo que nos ha sido dado?
La respuesta no siempre será inmediata. Pero hay días como hoy en que la ciudad susurra pistas. Solo hace falta detenerse, escuchar… y atreverse...Dios los bendiga en cada amanecer.
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