Interlíneas edición 9 de julio 2026

Interlíneas edición 9 de julio 2026

¡Buenos días amigos! ... Hay pueblos que conservan su historia en viejos archivos, otros la inmortalizan en monumentos de piedra. Nosotros, además de hacerlo así, la guardamos en una melodía. Bastan los primeros acordes de un merengue para que el tiempo retroceda sin pedir permiso y la memoria vuelva a poblarse de rostros, abrazos, calles, celebraciones y sueños.

 La música posee ese privilegio que pocas manifestaciones humanas alcanzan: convertir los recuerdos en presente y recordarnos que la identidad también puede cantarse, bailarse y sentirse.

Quizás por eso el merengue nunca ha sido solamente un género musical. Es una forma de contar quiénes somos. Es el idioma invisible que une generaciones, el puente que acerca a quienes permanecen en la tierra dominicana con aquellos que un día partieron llevando en la maleta un pedazo de patria convertido en canción. Cada merengue es una pequeña crónica emocional de la vida nacional.

Esa certeza volvió a confirmarse durante los Viernes Musicales del Centro León, donde el periodista y cronista de arte Máximo Jiménez presentó su iniciativa digital Crónicas Musicales, a través del conversatorio "100 merengues esenciales de los 80". 

Lo que parecía una conversación sobre música terminó convirtiéndose en un viaje por una de las décadas más fecundas del merengue dominicano, cuando sus acordes conquistaron escenarios internacionales y consolidaron una identidad que trascendió fronteras.

Con la serenidad del investigador y la sensibilidad del narrador, Jiménez fue reconstruyendo los momentos clave, las figuras emblemáticas y las historias que dieron vida a una época irrepetible. Cada canción evocada era mucho más que un éxito discográfico; era el retrato de una sociedad, de una generación y de un país que aprendía a reconocerse en el ritmo vibrante de su música.

Mientras sonaban títulos como Ay Mujer, Compañera y Fiesta para dos, el público no solo recordaba letras o coreografías. Revivía instantes personales, celebraciones familiares, romances juveniles, encuentros de amigos y los años en que el merengue se convirtió en el gran embajador sentimental de la República Dominicana. Porque hay canciones que dejan de pertenecer a sus compositores para convertirse en patrimonio afectivo de todo un pueblo.

La tertulia propició, además, una reflexión necesaria sobre el merengue como expresión viva de la memoria cultural dominicana. No basta con escucharlo; es preciso comprender el contexto en que nació cada obra, los desafíos que enfrentaron sus intérpretes y la manera en que ese repertorio terminó definiendo la banda sonora de varias generaciones.

En ese sentido, el compromiso del Centro León adquiere una dimensión que trasciende la organización de actividades culturales. 

Al abrir espacios para estudiar, preservar y difundir el merengue, fortalece una responsabilidad colectiva con una manifestación artística que, desde su declaración por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, pertenece no solo a los dominicanos, sino también al patrimonio cultural universal.

Las iniciativas digitales como Crónicas Musicales también demuestran que la tecnología no tiene por qué alejarnos de nuestras raíces. Al contrario, puede convertirse en el mejor puente entre el pasado y las nuevas generaciones, permitiendo que los jóvenes descubran que detrás de cada canción existe una historia, una época y una identidad que merecen ser conocidas y preservadas.

Al final comprendemos que los pueblos no sobreviven únicamente por la fortaleza de sus instituciones o por la grandeza de sus héroes. También permanecen vivos gracias a las melodías que se resisten al olvido y que continúan despertando emociones décadas después de haber nacido. 

 

 

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Autor

Servio Cepeda Baré

Digital Press Platform

Equipo de redacción de Digital Press Platform.

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