!Buenos días amigos!...Hay días en que Santiago parece mirarse en el espejo de su propia historia y descubrir, con cierta emoción, que los años no pasan en vano cuando dejan detrás de sí obras, nombres y recuerdos capaces de sobrevivir al calendario. Porque el tiempo, que todo lo transforma, tiene también la virtud de revelar aquello que verdaderamente permanece.
Esta tarde, a las seis y treinta, la Fundación Eduardo León Jimenes y el Centro León vuelven a abrir las puertas de la creación con la vigésima novena entrega del Concurso de Arte Eduardo León Jimenes, una celebración que alcanza seis décadas de trayectoria y que se ha convertido en referente fundamental para la promoción y difusión de las artes visuales dominicanas y caribeñas.
Hay algo profundamente hermoso en que una institución permanezca durante tantos años apostando por el talento. El arte tiene esa misteriosa capacidad de convertir el instante en permanencia, de hacer que una generación pueda conversar con otra a través de un lienzo, una escultura, una instalación o una idea. Y quizá por eso los pueblos que cuidan su cultura nunca envejecen del todo.
Mientras Santiago celebra el arte, también despide hoy el Cuadragésimo primer período de sesiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal, que durante estos días ha convertido nuestra ciudad en escenario de importantes reflexiones sobre el presente y el futuro de la región. Son otros lenguajes, otras preocupaciones, pero una misma búsqueda: construir un mañana mejor.
Y si de futuro hablamos, ahí está nuestra gacela, Marileidy Paulino, colocada entre las veinte nominadas a los galardones de Atleta Mundial del Año de World Athletics. Su temporada ha sido extraordinaria: campeona de los 400 metros planos en el Ultimate Championship, autora de la mejor marca mundial del año y del récord de la Liga de Diamante, además de mantenerse invicta en ocho carreras.
Cada zancada suya parece llevar consigo una bandera. Y cuando corre Marileidy, corre también la esperanza de un país que ha aprendido a reconocerse en sus victorias.
Pero el calendario nos recuerda que el éxito no solo debe celebrarse cuando llega; también debe agradecerse cuando los años han convertido el talento en legado. Por eso resulta justo que la Cámara de Diputados haya reconocido a Erasmo —Niní— Cáffaro, Leonel Lirio y Janina Rosado por sus extraordinarias trayectorias y aportes al arte y la cultura dominicanos.
Tres nombres, tres caminos, tres maneras de servir a la belleza. Porque una sociedad que sabe honrar a quienes la han enriquecido espiritualmente está, en cierta forma, honrando su propia memoria.
Al final, acaso la vida sea eso: una carrera contra el olvido. Unos corren sobre la pista, otros pintan, cantan, diseñan, escriben o interpretan; pero todos buscan, sin saberlo, dejar una huella que el tiempo no pueda borrar.
Y cuando una nación reconoce a sus creadores, a sus atletas y a quienes han dedicado sus años a construir cultura, confirma una verdad sencilla y eterna: honrar, honra.
Que nunca nos falte memoria para agradecer el pasado, sensibilidad para comprender el presente y esperanza para caminar hacia el futuro, siempre que Dios los bendiga en cada amanecer.
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