La vorágine de hechos terribles- con la espiral mal sana delincuencia -saturada con el execrable amasijo de hechos y crímenes aberrantes, conlleva a la escéptica idea de que el fantasma satánico está suelto o que estamos desarrollando un clima socio-selvático en donde campea y brilla la seguridad por su ausencia, bajo el dominio tétrico de la violencia, la malicia y la duda, con la inercia y la efectividad de los destinados para aplicar correctivos y orden con justeza.
Salpicado por el fantasma de la desconfianza y el concepto del irrespeto por la vida no se usa la disciplina, la tolerancia, y fraternidad, y tampoco la conmiseración hacia el prójimo, por la ausencia de equidad para paliar y combatir el desorden socio criminal.
Los hechos de sangre que en los últimos días han ensombrecido a nuestra comunidad con personas ejecutadas a plena luz del día nos llaman la atención en este sentido y nos llaman a la reflexión.
La convivencia del día a día nos trae tragedias sobre noticias impublicables que cuelgan en los medios sociales en donde hijos y padres que se arrancan la vida entre sí…menores violadas, así como linchamientos públicos, hermanos fratricidas y feminicidios, entre otros casos.
¡Estamos descuidando el activo nuestro mayor que es la paz de la ciudad!
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