¿Vale la pena ir a la universidad en 2026?

¿Vale la pena ir a la universidad en 2026?

Los jóvenes recién graduados de bachiller tienen a mano la herramienta para decidir si se inclinan por unas de las carreras tradicionales: Medicina, ingeniería, arquitectura, derecho, contaduría o educación científica. Básicamente esto depen­de de tres cosas: la situa­ción económica, el estilo de apren­dizaje y la profesión objetivo. Para alcanzar un conjunto de habilidades básicas para vivir ya no se requiere asistir a la universidad. Como organizaciones muy afianzadas en la sociedad ignorar el alcance de las universidades sería iluso, aunque en la actualidad esa realidad viene experimen­tando algún tipo de cambio. 

Con el correr del tiempo los centros superiores de enseñanza ha establecido redes con las organizaciones productivas para inser­tar, a quienes obtienen algún título profesional. Ellas, sin dudas, representan el paradigma ideal para que las sociedades dispongan de profesionales capa­ces de impulsar el desarrollo de los países. Aunque recientemente han aparecido otras modalidades de enseñanzas aún persiste la creencia generalizada de las profe­siones de mayor remunera­ción se encuentran en la educa­ción superior. 

Los títulos universitarios son convalidados en otros países; los recursos económicos destinados a la investigación son asignados a profesionales certificados y, desde luego, existe una red para captar a personas con avalas de los mejores centros superiores. 

Todo eso puede ser cierto, sin embargo, en la actualidad existe una gran inclinación por parte de los jóvenes por desarrollar carre­ras Stem, aquellas desarrolladas con las ingenierías. Carreras de unos dos años de duración relacionadas con habilidades intermedias que son demandadas por las empresas. Estas se adquieren en los institutos desarrollados por el Gobierno atendiendo a las necesidades y comprendiendo como el mercado laboral va exigien­do, cada vez más, este tipo de profesión. No hay que espe­rar tanto tiempo y unida con el inglés, pasan a formar parte de los elementos fundamentales de la tecnología. 

Dentro de este conglomerado encontramos electricista, técnico en refrigeración, gestión hotelera y, aquel conjunto de técnicos reque­ridos para recibir a los turis­tas, un país en que en ese sector expe­rimenta crecimiento conti­nuo. Los técnicos informáticos en disciplinas como la ciberseguridad; en programación y demás áreas son asumidos de inmedia­tos por las empresas. No se puede ignorar que el inglés actúa como un conocimiento transversal en la formación de estos jóvenes que necesariamente entran en contac­to con el desarrollo tecnológico. 

Históricamente para realizar algún tipo de carrera universita­ria los estudiantes recurrían al crédito educativo, una especie de programa de préstamos que los estudiantes utilizaban como facili­dades para su desarrollo. En el largo plazo se endeudaban por largos años, hasta terminar su profesión, en la mayoría de los casos. Cuando no vale la pena: Cuando la universidad puede tener menor retorno, si esta deuda excesiva podría significar una carga inmanejable en el tiempo; cuando el programa tiene poca demanda laboral y, por supuesto, su objetivo está en sectores donde las habilidades pesan más que el título.

Por ello, los tiempos actuales presentan la opción de desarrollo de habilidades en web, diseño gráfico, marketing digital, ventas, producción audiovisual entre otras. Son profesiones donde las habilidades pesan más que los títu­los, contrario a las certificaciones de las universidades. Se trata de opciones más rápidas, menor costo, enfoque práctico y alta empleabilidad en muchos oficios especializados. 

Y posteriormente podrían obtener las certificaciones en ­Microsoft Azure, AWS, cisco CCNA, entre otras. En tiempos como los actuales asistir a la universidad implica una decisión que debe meditarse y evaluarse a partir de todos estos elementos del entorno y los cambios.

El mercado laboral desde un tiempo acá esta cambiando sus exigencias, especialmente por la aparición de tecnologías que ­demanda nuevos técnicos, con énfasis en habilidades antes ­desconocidas. Invertir tiempo y dinero en profesiones de larga duración conlleva disponer de unos recursos financieros no disponibles empujando a los ­estudiantes a endeudarse a largo plazo. 

 

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Autor

Aquiles Olivo Morel

Digital Press Platform

Equipo de redacción de Digital Press Platform.

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