Es de los míos, sus canciones son alaridos humanos y sociales, aunque rechazo algunas cosillas como que no me sientan bien, dejo de lado juicios personales y voy directamente a la música, y cuando de música y letras especiales se trata, hay que dar a Joaquín Sabina el lugar que toca.
Esa voz de profundidad estremecedora, ese dejo de nostalgia que se agolpa en su garganta y parece que acallará, para elevarse de nuevo dejándonos sin aliento, tiene un misterio ¿Me acompañan a descubrirlo?
Mi cerebro queda encadenado cuando escucho o recuerdo alguna canción, de esas que guardo para los lunes de zapateros, como dominicana que soy, sacudo con fuerza la cabeza y me es imposible despejarla, se me encaja en el alma, la sueño, la tarareo en silencio, la odio y la adoro.
Tratando de olvidar esta, ya me dieron más allá de las diez y las once, las doce, la una, las dos y las tres… …
Les comparto su historia:
Corría el año 1991, Joaquín Sabina, reconocido cantante, compositor y músico nacido en Úbeda, Jaén y Enrique Urquijo, músico de Madrid, se encuentran una noche en un bar madrileño, de esos dónde la bohemia se sienta a la mesa, Urquijo preparaba nuevos temas y pregunta al jienense, si no tenía alguna “idea que prestarle”, Sabina extendió sobre la mesa un papel con dos estrofas garabateadas y manchadas, señal de que habían sido corregidas muchas veces.
Después de leer las estrofas y empapar de vino la garganta, cada uno marchó por su lado, Urquijo camino a su casa, terminaba la canción que tituló “Ojos de gata”, tiempo después, Urquijo llama a Sabina para comunicarle, que terminó la canción con las frases que “le prestó”, Sabina le responde, que también él había escrito una canción con las mismas palabras.
“Y nos dieron las diez”, (1992), formaba parte del disco “Física y Química”, un exitazo marcado en la carrera de Joaquín Sabina, como identificativo.
Ambas son dos grandes canciones, sin embargo, la trayectoria bohemia y popular de Sabina, ha contribuido a que la suya, no solo sea la reina de las fiestas de las noches españolas, sino también allende el océano, esas letras están inscritas en la languidez interminable de noches de juerga en muchos países.
“Fue en un pueblo con mar una noche después de un concierto…”
Mucha gente se pregunta dónde sucedió, Sabina desveló el misterio, declarando que fue en Lanzarote.
Un lugar poético donde en la madrugada, el viento peina la arena para que el sol la caliente.
Joaquín Sabina perdido en la nostalgia y con tres copas de más, enloqueció con un corazón pintado en su espalda y perdiendo la mirada en el horizonte, discutía esposado con los municipales.
Y le dieron las diez… …
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