!Buenos días amigos!... Hay ciudades que no se miden por el número de edificios que levantan, sino por la cantidad de sueños que logran hospedar. Hay urbes cuya verdadera arquitectura no está en el cemento, sino en la palabra, en la música, en el gesto de abrir una puerta para que entren juntos la memoria y el porvenir. Santiago, ciudad corazón, vuelve a recordarlo.
Celebrar ocho años del Centro de Convenciones y Cultura Dominicana UTESA no es solo marcar una fecha en el calendario. Es reconocer la persistencia de un espacio que ha entendido que la cultura no adorna a los pueblos: los sostiene.
En tiempos donde todo parece correr sin detenerse, resulta esperanzador saber que todavía existen lugares donde la gente se reúne no para consumir ruido, sino para encontrarse con sentido.
Felicitamos a Melany Rodríguez González, directora general de este recinto, por conducir una visión que ha convertido ese centro en algo más que un edificio funcional.
Lo ha transformado en casa común para la creatividad, el pensamiento y la conversación pública. Allí donde otros ven salones, ella ha sabido sembrar posibilidades.
Sus palabras resumen una verdad esencial: cuando una ciudad apuesta por espacios de encuentro, se dinamiza su economía, se fortalece su identidad y se ensancha su autoestima colectiva.
Ningún desarrollo es completo si no incluye el alma de la comunidad. Y el alma se alimenta de arte, educación y convivencia.
No es casual que este aniversario dialogue con la Primera Feria Regional del Libro y de la Cultura Cibao 2026. Libro y ciudad, pensamiento y territorio, escenario y ciudadanía: todo forma parte del mismo tejido. Una sociedad que lee mejor también escucha mejor. Una sociedad que conversa desde la cultura aprende a disentir sin destruirse.
La agenda conmemorativa honra esa vocación. La lectura escénica Voces del Cibao: Poesía en Vivo, con énfasis en Manuel del Cabral, recuerda que la poesía sigue siendo una forma de resistencia frente a la prisa. Escuchar versos en el entorno del Monumento es también escuchar la respiración histórica de la región.
La charla sobre Ercilia Pepín convoca otra pedagogía necesaria: la del ejemplo. En una época donde abundan los referentes fugaces, volver sobre figuras de dignidad, patriotismo y enseñanza es una manera de vacunar a la sociedad contra el olvido.
Y el cine familiar con Matilda completa el círculo: infancia, imaginación y futuro. Porque toda ciudad que protege el asombro de sus niños protege también su destino.
Mientras tanto, desde otra geografía sonora, Carlos Vives y Juan Luis Guerra presentan Buscando el mar, una canción inspirada en el universo de Gabriel García Márquez.
No deja de ser simbólico: la literatura convertida en música, Macondo hecho melodía, la nostalgia navegando hacia la libertad. Cuando las artes se abrazan, las fronteras se vuelven inútiles.
Quizás esa sea la gran lección de estos días. Un centro cultural cumple años, una feria abre páginas, dos artistas cantan la memoria, una ciudad se reconoce en sus símbolos. Todo parece distinto, pero en el fondo habla de lo mismo: la necesidad humana de crear sentido para no extraviarse.
Que nunca falten templos donde la palabra ilumine, la música una, y la cultura nos recuerde que vivir también es elevarse... Que Dios los bendiga en cada amanecer.
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