Interlíneas edición 27 de abril 2026

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¡Buenos días amigos!... La Primera Feria Regional del Libro del Cibao, que concluyó ayer domingo, la palabra dejó de ser silencio para convertirse en celebración compartida. No fue solo un evento: fue una afirmación de identidad, un gesto colectivo donde la cultura se hizo cuerpo, voz y presencia.

Santiago, como un corazón abierto, acogió a las catorce provincias del norte en el majestuoso Gran Teatro del Cibao, donde cada voz encontró eco y cada historia, un hogar. Allí, lo local se volvió universal.

No se trató únicamente de libros apilados en estanterías ni de discursos ceremoniales. Fue un territorio simbólico donde la memoria y el presente dialogaron con intensidad, recordándonos que la cultura es un puente entre lo que fuimos y lo que aspiramos a ser.

La feria emergió como un acto de descentralización necesario, casi urgente. Durante demasiado tiempo, la cultura ha orbitado en torno a centros de poder. Esta vez, el Cibao reclamó su lugar, demostrando que el arte también florece lejos de los ejes tradicionales.

Como expresó el Ministro de Cultura Roberto Ángel Salcedo, integrar las provincias es reconocer la diversidad que nos constituye. No somos una sola voz, sino un coro de matices, acentos y tradiciones que se entrelazan en una identidad viva.

Durante siete días, cada provincia narró su propia historia. No como un acto aislado, sino como parte de un tejido mayor donde cada hilo aporta sentido. La cultura, en ese escenario, dejó de ser espectáculo para convertirse en experiencia compartida.

La literatura convivió con la música, la danza con la artesanía, la gastronomía con las artes visuales. Todo dialogó sin jerarquías, como si el arte recordara su naturaleza original: ser un lenguaje común que nos une más allá de las diferencias.

La presencia de Luis Abinader y Raquel Peña añadió un matiz simbólico importante. No se trató solo de representación política, sino de un reconocimiento de que la cultura debe ocupar un lugar central en el proyecto de nación.

Cuando la vicepresidenta habló de “leer en medio del ruido”, nos entregó una metáfora poderosa de nuestro tiempo. Vivimos rodeados de estímulos constantes, de información fragmentada, de urgencias digitales que nos alejan de la reflexión profunda.

Leer, en ese contexto, es un acto de resistencia. Es detener el tiempo, escuchar otras voces, abrir ventanas interiores. Es, en esencia, un ejercicio de libertad.

La lectura no solo forma estudiantes más capaces; forma seres humanos más sensibles. En los niños y jóvenes, despierta la imaginación, fortalece el lenguaje y cultiva la empatía. Les enseña a comprender al otro, a cuestionar el mundo y a imaginar alternativas.

Fomentar la cultura, entonces, no es un lujo ni una actividad secundaria. Es una inversión en el alma colectiva. Es sembrar pensamiento crítico, creatividad y sentido de pertenencia.

La Primera Feria del Cibao nos recordó que la identidad no es un concepto abstracto. Se construye en cada libro leído, en cada canción compartida, en cada tradición preservada. Es una obra en constante creación.

Quizás, en medio de esta celebración, lo más valioso haya sido entender que la cultura no se impone: se cultiva. Y que un país que apuesta por ella no solo preserva su pasado, sino que ensancha las posibilidades de su futuro…Dios los bendiga en cada amanecer.

 

 

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Autor

Servio Cepeda Baré

Digital Press Platform

Equipo de redacción de Digital Press Platform.

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