Interlíneas edición 28 de abril 2026

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Directiva del Club de Diabéticos, entrega reconocimientos.

!Buenos días amigos!... Hay instituciones que no solo cumplen años: siembran tiempo. Veinticinco años no son una cifra cualquiera cuando se han levantado sobre el dolor ajeno convertido en servicio, sobre la incertidumbre transformada en orientación, sobre el miedo vuelto abrazo.

Así celebró el Club de Diabéticos Región Norte su aniversario de plata: con una jornada emotiva, pensada para su comunidad, llena de aprendizaje, encuentro y acompañamiento. Allí no se festejaba solamente una fecha; se honraba una obra humana.

Vivimos en una época que premia la prisa y olvida la permanencia. Por eso conmueve encontrar espacios donde la constancia sigue siendo virtud. Durante un cuarto de siglo, esta entidad ha sostenido una misión silenciosa y esencial: educar, prevenir, acompañar y recordar que la diabetes no define a nadie, aunque obligue a cambiar la manera de vivir.

Dentro del programa desarrollado hubo reconocimientos a directivos fundadores y colaboradores. Recibimos junto a Carlos Manuel Estrella y la doctora Siu Leng San una distinción por el apoyo brindado a esta trayectoria a través de estas páginas. 

Lo agradecí con emoción sincera y humildad verdadera, pues lo asumí no como un mérito personal, sino como una señal del valor que todavía conserva la palabra cuando decide ponerse al servicio de las mejores causas.

Durante estos años, apoyar desde el periodismo al Club de Diabéticos Región Norte ha significado también aprender de ustedes: de su disciplina callada, de la valentía cotidiana con que enfrentan cada desafío, de la esperanza que no negocia con el desaliento y de la solidaridad sembrada en cada jornada. Ustedes nos recuerdan que vivir no es solo respirar, sino cuidar, prevenir, acompañar y educar.

Mi mayor recompensa nunca ha sido una placa ni un aplauso. Siempre ha sido saber que una publicación pudo orientar a alguien, sensibilizar una conciencia o tender una mano donde hacía falta. En tiempos donde abundan las palabras vacías, reconforta comprobar que aún existen palabras que curan.

La actividad, celebrada en el Auditorio de Ciencias de la PUCMM, su alma mater, sirvió para renovar la pretensión de seguir creando conciencia y de sortear muchas veces la indiferencia nacida del desconocimiento sobre la Diabetes Mellitus. Porque una enfermedad también crece cuando crece la ignorancia, y retrocede cuando avanza la educación.

“Este aniversario no sería posible sin cada miembro, cada profesional de la salud y cada persona que ha sido parte de este camino. Gracias por confiar, por aprender y por crecer junto a nosotros durante todos estos años. Seguimos adelante con el mismo propósito: seguir educando y acompañando para una vida más consciente con diabetes”, expresó la directiva.

Con la claridad de quien ha dedicado vida y vocación a esta causa, el doctor Rafael Fernández Lazala, fundador de la institución, recordó el sentido profundo de la misión: estimular una buena calidad de vida, impedir que esta enfermedad incurable diezme el futuro de quienes la padecen y demostrar que es posible vivir con dignidad y plenitud.

También destacó que, desde su fundación, todos los primeros sábados de cada mes, desde el año 2001, realizan una actividad educativa en uno de los salones de la universidad, recibiendo desde entonces el respaldo institucional que hoy continúa con el rector Cecilio Espinal. Esa fidelidad mensual tiene algo de liturgia civil: reunirse para aprender a vivir mejor.

El Club de Diabéticos Región Norte inició sus actividades en abril del 2001 y entre sus objetivos ha estado ofrecer, de forma gratuita, información teórica y práctica a quienes padecen Diabetes Mellitus, enfermedad crónica, costosa y de largo trayecto. Pero más allá de la definición clínica, han enseñado que ningún diagnóstico debe cancelar la esperanza.

Felicidades a su junta directiva, presidida por Oscaris Belliard, junto a Mireya Brito, Felpa Figueroa, Diógenes Vargas Almonte, Isabel Vargas, Mary Pérez, Sally Fernández y Rafael Fernández Lazala, asesor médico. Toda obra duradera necesita manos distintas empujando en una misma dirección.

Reiteramos las gracias a toda la directiva y de manera muy especial al hermano que me regaló la vida, el doctor Rafael Fernández Lazala. Hay parentescos de sangre y hay parentescos del alma; cuando ambos coinciden, la gratitud se vuelve doble.

Que continúen siendo luz, servicio y esperanza para toda la Región Norte. Porque mientras existan instituciones que acompañen el dolor sin hacer ruido, todavía habrá razones para creer que la sociedad puede sanar también sus propias enfermedades invisibles....Dios los bendiga en cada amanecer. 

 

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Autor

Servio Cepeda Baré

Digital Press Platform

Equipo de redacción de Digital Press Platform.

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