¡Buenos días amigos!... Hay obras que nacen para responder a una necesidad inmediata y otras que parecen surgir para desafiar el paso del tiempo. Las primeras cumplen un propósito circunstancial; las segundas terminan convirtiéndose en patrimonio moral de una sociedad. Cuando un proyecto permanece fiel a sus principios durante décadas, deja de pertenecer únicamente a quienes lo fundaron y comienza a formar parte de la memoria colectiva. Esa permanencia no es fruto de la casualidad, sino de la convicción de quienes comprendieron que la verdad siempre necesita un hogar desde donde ser anunciada.
En un tiempo donde la información viaja a la velocidad de un clic y las opiniones suelen confundirse con los hechos, conservar la credibilidad representa una tarea cada vez más difícil. La inmediatez ha reducido los espacios para la reflexión, mientras el espectáculo amenaza con desplazar el análisis sereno.
Por eso resulta esperanzador encontrar medios que han decidido caminar con calma, privilegiando la profundidad antes que el impacto momentáneo y la responsabilidad antes que la popularidad.
Este próximo domingo 5 de julio, el periódico católico Camino celebra 45 años de publicación ininterrumpida. Fundado en 1981 por iniciativa de Monseñor Roque Adames, nació con la misión de llevar el mensaje del Evangelio a cada rincón de la República Dominicana mediante un periodismo inspirado en la verdad, la dignidad humana y los principios de la doctrina social de la Iglesia.
El aniversario será conmemorado con una eucaristía en la Catedral Santiago Apóstol, presidida por el arzobispo metropolitano, monseñor Héctor Rafael Rodríguez, una celebración que trasciende la efeméride para convertirse en un acto de gratitud.
Desde sus primeras ediciones, Camino entendió que evangelizar también significa iluminar la realidad cotidiana. No se trataba únicamente de publicar contenidos religiosos, sino de ofrecer una lectura ética de los acontecimientos que afectan la vida nacional. Así, sus páginas se fueron convirtiendo en un espacio donde la fe dialoga con la sociedad, donde las preocupaciones humanas encuentran eco y donde el Evangelio deja de ser un discurso abstracto para convertirse en criterio de acción.
Esa vocación ha permitido que el periódico sea, al mismo tiempo, portavoz de las buenas noticias y conciencia crítica frente a las injusticias. A lo largo de estos cuarenta y cinco años ha abordado asuntos sociales, económicos, políticos y culturales con equilibrio y responsabilidad, recordando que el compromiso cristiano no consiste en mirar la realidad desde la distancia, sino en involucrarse para contribuir a transformarla con justicia y solidaridad.
El papa Francisco ha advertido en numerosas ocasiones sobre algunos de los males que amenazan al periodismo contemporáneo: la desinformación, la difamación, la calumnia e incluso la llamada "coprofilia", esa tendencia a recrearse únicamente en lo negativo y degradante de la condición humana. Son tentaciones que erosionan la confianza pública y deshumanizan la comunicación. Frente a ellas, Camino ha procurado recorrer una senda distinta, convencido de que informar también implica educar, orientar y sembrar esperanza.
Mantener ese rumbo durante cuatro décadas y media ha requerido constancia, sacrificio y una profunda coherencia entre los principios proclamados y la práctica cotidiana. Ninguna institución permanece únicamente por la fuerza de su historia; permanece porque cada generación renueva el compromiso recibido y comprende que el prestigio se construye lentamente, mientras puede perderse en un solo instante.
En ese recorrido merece especial reconocimiento el trabajo del periodista Virgilio Apolinar Ramos, cariñosamente Polo, quien ha sabido conducir este órgano de comunicación con serenidad, prudencia y firme apego a la ética.
Junto al equipo que le acompaña, ha demostrado que todavía es posible ejercer un periodismo donde la objetividad no excluye la sensibilidad humana y donde la firmeza de las convicciones no impide el respeto hacia quienes piensan diferente.
Quizás el mayor legado de Camino no sea únicamente la cantidad de ejemplares publicados ni los años transcurridos desde su fundación. Su verdadera herencia reside en haber recordado, semana tras semana, que la comunicación adquiere sentido cuando está al servicio de la persona, cuando defiende la dignidad de los más vulnerables y cuando entiende que cada palabra publicada puede contribuir a construir o a destruir la convivencia. En un mundo saturado de mensajes, esa conciencia constituye una forma silenciosa de evangelización.
Cuando Polo Apolinar expresó que "el Camino nunca va a morir porque las obras de la Iglesia nacen y crecen ayudando a Dios", sintetizó una verdad que trasciende al propio periódico. Las instituciones inspiradas en valores auténticos sobreviven porque encuentran su fuerza en aquello que no envejece.
Cambian las tecnologías, evolucionan las formas de comunicar y se transforman las sociedades, pero la verdad, la ética y el servicio al prójimo conservan una vigencia permanente. Mientras existan personas dispuestas a defender esos principios con humildad y perseverancia, siempre habrá un camino que recorrer y una luz capaz de orientar el rumbo de una nación….Dios los bendiga en cada amanecer.
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