Interlíneas edición 5 de mayo 2026

Interlíneas edición 5 de mayo 2026

¡Buenos días amigos!... Hay semanas que parecen escritas por la economía: suben los combustibles entre 7 y 9 pesos, se ajustan los bolsillos y uno siente que hasta moverse requiere cálculo. Pero también hay decisiones que no pasan por la lógica del gasto, sino por la necesidad del alma. Viajar, aunque sea cerca, aunque sea breve, sigue siendo un acto de resistencia íntima: elegir la vida por encima de la preocupación.

Porque la austeridad, bien entendida, no es carencia sino criterio. Es saber qué sí vale la pena. Y en eso, ella y yo hemos afinado la mirada durante 39 años de matrimonio. No necesitamos excesos para celebrar; nos basta la complicidad, el silencio compartido, la certeza de que el amor —cuando es verdadero— se sostiene más en lo cotidiano que en lo extraordinario. Celebramos este aniversario como vivimos: con sobriedad, con gratitud, con esa alegría serena que no hace ruido pero permanece.

Esta vez el destino fue Punta Rucia. Hacía tiempo que no transitaba la ruta, ahora transformada por la carretera Villa Elisa–Punta Rucia–La Ensenada, inaugurada en septiembre de 2025. Son 23.2 kilómetros que no solo acortan distancias, sino que saldan una deuda histórica de más de 40 años, ofrece un desplazamiento placentero y acogedor. 

La infraestructura, cuando llega, no es solo concreto: es posibilidad, es dinamismo, es promesa de desarrollo. Y algo de eso se respira. Punta Rucia conserva su esencia: aguas mansas, horizonte limpio, uno de los atardeceres más hermosos del país. 

Hay una sensación de avance en el turismo en esa zona, de despertar paulatino. Pero también persisten las contradicciones. Las algas siguen visitando la orilla, recordándonos que la naturaleza no se domestica con decretos. La entrada a la playa cuesta ahora 150 pesos, con la promesa implícita de limpieza y mantenimiento. 

Sin embargo, la bienvenida sigue siendo una cuerda sencilla, casi improvisada, que poco dialoga con el potencial del lugar. A veces el progreso llega en tramos: primero el acceso, luego la experiencia.

En cuanto a la seguridad, su presencia fue más simbólica que constante. Una patrulla motorizada cruzó una vez la escena, como una nota al margen en una tarde larga. Desde nuestra llegada, cerca de las dos, hasta la salida al filo de las ocho, predominó más la calma natural que la vigilancia institucional. 

No hubo incidentes, pero queda la sensación de que el desarrollo turístico necesita también una estructura visible que acompañe. Los precios, por su parte, hablan el idioma del turismo emergente. Una libra de pescado ronda los 1,200 pesos; la langosta, los 1,800, con guarniciones incluidas. Un paseo corto en bote o un asiento flotante puede costar 1,500. 

No es prohibitivo, pero tampoco accesible para todos. Es el punto delicado donde el destino decide si será inclusivo o exclusivo. A favor, el entorno mantiene cierta armonía. No hay una invasión de música estridente; el visitante puede elegir entre espacios como Playa Barco, La Ensenada o el cercano Cayo Arena, cada uno con su propio ritmo. 

Todavía es posible escuchar el mar sin interferencias, sentir el viento sin filtros, conversar sin elevar la voz. Y eso, en tiempos de saturación, es un lujo. Celebrar 39 años allí fue más que una escapada: fue una reafirmación. Nos miramos, rodeados de agua y luz, y entendimos que el verdadero destino a explotar no es solo geográfico, sino humano. 

Hay mucho por hacer en organización, en detalles, en coherencia entre precio y experiencia. Pero también hay mucho ya logrado: belleza, acceso, potencial.

La despedida, como siempre, fue un susurro.

El sol cayendo en lontananza, deshilachado entre espumas blancas, dejó en nosotros una calma profunda. Volvimos a casa con imágenes, sí, pero sobre todo con la certeza de que el amor —como el mar— no necesita perfección para ser infinito.

Y así, entre cifras que suben y emociones que permanecen, queda una lección sencilla: cuando la vida ofrece un motivo para detenerse y celebrar, siempre será más caro no hacerlo… Dios los bendiga en cada amanecer.

 

 

 

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Autor

Servio Cepeda Baré

Digital Press Platform

Equipo de redacción de Digital Press Platform.

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