Santiago: desarrollo de altura con pies de barro (y sin parqueos)

Santiago: desarrollo de altura con pies de barro  (y sin parqueos)

“El hombre que oculta su pasado se niega a sí mismo”, (Fausto ­García).

Santiago de los Caballeros vive hoy una metamorfosis sin prece­­dentes en el interior del país. Es imposible no sentir orgullo al ver cómo se proyecta una ciudad moderna con la ejecución de la segun­da etapa del remozamiento de nuestra emblemática Calle del Sol. Este proyec­to, que abarca desde la avenida Juan Pablo Duarte hasta la Antonio Guzmán, promete no solo belleza, sino modernidad con el primer túnel de servicios urbanos del país para ­redes eléctricas y de telecomunicaciones.

Sumado a esto, contamos ya con un Teleférico en funcionamiento y un Monorriel que avanza a pasos agigan­tados. Son obras que no existen ni ­existirán en décadas en ninguna otra provincia, otorgándole a Santiago un sello de metrópoli vanguardista. Sin embargo, en medio de este banquete de cemento y tecnología, hay una ­realidad que sigue "barrida debajo de la cama": la inexistencia de parqueos públicos en el Centro Histórico.

La Lógica del "B" sin "A". Como hemos sostenido antes, en la vida y en el derecho, el efecto "B" no existe sin la causa "A". Queremos un centro histórico vibrante, peatonal, remozado y atractivo para el turismo (Efecto B), pero nos negamos a construir la infraes­tructura básica para que el ciuda­dano llegue y permanezca allí (Causa A).

Hoy, Santiago cuenta con importantes soluciones privadas, como el impresionante edificio de la Clínica Corominas —un referente de inversión privada abierto al público— o aquellos solares donde casas antiguas se dejaron caer para dar paso a estacionamientos improvisados. Pero ¿Qué sucede con el ciudadano de a pie? ¿Qué pasa con aquel profesional o empleado cuyos ingresos son asfi­xiados por la inflación y no puede costear las tarifas de un parqueo priva-do de lujo cada vez que debe hacer una diligencia en el casco urbano o trabaja en él?

El Contraste del Desarrollo. Resulta paradójico que el Gobierno anuncie con bombos y platillos el soterramiento de cables y el embelle­cimiento de las aceras en la Benito Monción o la Plazoleta Raudy Torres, mientras el conductor santiaguero debe jugar al "gato y al ratón" con las grúas municipales porque no tiene un solo edificio de parqueo estatal donde dejar su vehículo con seguridad y a precio justo.

El desarrollo sostenible que se nos vende —y que aplaudimos— se queda cojo si no se complementa con al menos dos grandes parqueos públicos en puntos estratégicos.

Una Propuesta sobre la Mesa. No se trata solo de criticar, sino de aportar. Existen espacios estratégicos que el Estado podría y debería adquirir. Un ejemplo palpable es el área donde ­funcionó por años La Tabacalera, próxima a la Fortaleza San Luis. A pesar de ser hoy propiedad privada, sus estructuras y almacenes son el lienzo perfecto para un complejo de parqueos que desahogue el corazón de la ciudad.

Si el Estado ha tenido la visión y los recursos para transformar el ­Parque Duarte y el Centro de la ­Cultura, debe tener también la voluntad política de resolver el caos del estacionamiento. De lo contrario, Santia­go seguirá siendo una ciudad de "vitrina": muy hermosa por fuera con su Monorriel y sus túneles de ­servicio, pero intransitable y exclu­yen­te por dentro para quien necesita un lugar donde detenerse.

Conclusión: Calma, mucha calma. Celebremos el progreso, pero exija­mos la lógica. Una ciudad que vuela en Teleférico no puede seguir permitiendo que sus ciudadanos se hundan en el caos por falta de un simple cajón de estacionamiento público. Para que Santiago "ande bien", el desarrollo debe tener dónde parquearse. 

 

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Autor

Fausto García

Digital Press Platform

Equipo de redacción de Digital Press Platform.

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