Señor presidente, laboré y enseñé ciencia médica durante 44 años en un hospital público llamado JM Cabral y Báez, por eso sé que el congestionamiento y el altísimo coste de los hospitales grandes del país, tiene su principal origen en que la operatividad del algoritmo de la PREVENCIÓN DE ENFERMEDADES, la Atención Primaria está atascada, bloqueada y nadie ha osado desbloquearla, aunque en honor a la verdad, ese bloqueo no empezó con su mandato. Cuando usted asumió el Poder ya estaba así.
En tal virtud, es que a través de este artículo le planteo la siguiente observación: Si la baja calidad, si la baja eficiencia de los servicios de salud a un alto coste que se brinda a la población, si el exagerado congestionamiento de los hospitales y la lentitud de los procesos hospitalarios dependen en gran medida del hecho de que la “mano derecha”, que corresponde a la PREVENCIÓN de la enfermedad, la atención primaria, ha quedado paralizada o muy limitada para accionar, ¿Por qué se toma la decisión de Estado de construir dos hospitales con categoría de Segundo Nivel de Atención? Es como si un acordeonista pretendiera tocar la melodía de un merengue con la mano izquierda a sabiendas de que debe hacerlo con la derecha si quiere que la melodía resulte vitoreada.
Como muestra, veamos la punta del iceberg. Según datos del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica (SINAVE), nuestra tasa de mortalidad neonatal es muy alta, pues va de 11/1000 nacidos vivos en Barahona a 36/1000 en Montecristi. Y en un artículo publicado en Acento por el reputado demógrafo Julio C. Mejía Santana, apoyándose en estadísticas del SINAVE, dice que de los 36,986 neonatos muertos entre 2013 y 2023, 25,652, un 69.4%, fueron visualizados como muertes evitables. (*) Que casi un 70 % de esas muertes fuera evitable es indicativo de que la atención médica primaria o preventiva es una ilusión en el país. Dos o 60 hospitales más de Segundo Nivel que se construyan en Santiago y el resto del país no van a descongestionar los grandes hospitales si el Estado no descongela la Atención Preveniva.
Que un recién nacido supere el primer mes de vida depende de unos pasos sucesivos (algoritmo dirían ahora) que empiezan con el embarazo y un médico que honre la enorme responsabilidad de su trabajo y continúa con una rigurosa vigilancia mensual del embarazo, detección temprana de algún riesgo de prematuridad, vigilancia de la nutrición y peso de la madre y saber si ella tiene un déficit de folato o de incompatibilidad de Rh con el feto.
Ante una situación semejante, hay que decidir si debemos referirla bajo sospecha de placenta previa o no, o si ante un inesperado desprendimiento prematuro de placenta, la estabilizamos hemodinámicamente y luego la trasladamos a otro centro, averiguar lo del transporte, llamar al hospital donde la vamos a referir con mayor capacidad resolutiva y tratar el problema con el médico de mayor jerarquía del área correspondiente y saber si ese hospital dispone de una cama para su ingreso y, finalmente, disponer que un médico “alante, alante” la acompañe durante el traslado.
En resumen, que reducir la probabilidad de muerte de un neonato en un 95 % de las veces depende de las medidas preventivas que se tomen, no el día que nace, sino desde que inicia el embarazo. Pero esa prevención comienza en los Centros de Atención Primaria, no en hospitales del Segundo y Tercer Nivel de Atención. Cuando la Atención Sanitaria Preventiva funciona bien las tasas de muertes de chiquitos y grandes, de incidencias de enfermedades infecciosas, de internamientos hospitalarios, de complicaciones quirúrgicas, de trastornos mentales y de mortalidad materna bajan. Claro, eso es así siempre y cuando médicos, enfermeras y personal de apoyo seamos eficientes en nuestro trabajo. Así que también es imprescindible la prevención de la ineficiencia e ineficacia en los Centros de Atención Primaria.
Creo oportuno recordar aquí que los humanistas están convencidos de que la naturaleza del hombre es sin duda la cosa más importante del mundo porque es lo que le permite saber qué significan los sucesos del mundo.
Entonces, uno espera que aquellas personas que les dicen a los gobiernos qué significan los sucesos de salud de nuestra sociedad, les informen que la atención sanitaria preventiva es mejor que la atención sanitaria curativa porque sus costes son menores y sus resultados son superiores, y que esas observaciones están respaldadas por el dato de que un 70 % de la mortalidad neonatal del país durante 10 años fue por enfermedades evitables.
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