¿Cuál es tu motivación?

¿Cuál es tu motivación?

Si Cristo es adorado en nuestro corazón todo lo que fluye será honra, adoración, lealtad y obediencia. Cristo es y debe ser nuestra motivación porque es en quien hemos creído, ya que, como cristianos debemos ­entender lo que creemos y por qué somos cristianos para poder defender el propósito eterno de Dios. Pero cuando nuestras motivaciones son ­erróneas podemos caer en personalizar el ministerio y hasta el evangelio de Cristo si estamos tan llenos de nosotros mismos y hasta vacíos del Espíritu Santo.

Ignorar al Espíritu Santo y hacer mal uso de Su obra ha sido la raíz de las problemáticas congregacionales, pues, vemos poco crecimiento espi­ritual; desórdenes estructu­rales de iglesias; muchos que desertan; confusión en minis­tros y creyentes… El Espíritu Santo nos recuerda todo lo de Cristo, nos redarguye, nos corrige y nos informa lo que Dios quiere y lo que vendrá; en este sentido, nuestra motivación debe estar sustentada en los méritos de Cristo, en el fundamento del evangelio y en obedecer Su Palabra.

Todo el que exhorta la Pala­bra debe saber que el sello de Dios es lo que hace crecer y validar la obra. Antes de construir hay que tener un permiso de la Municipalidad, el cual pone su sello de valida­ción a esa obra. Por tanto, Dios no respalda lo que no tiene Su sello. Cuando el Señor coloca Su sello, te ­conviertes en embajador de Cristo, y te añade gracia, ­favor, misericordia y todo lo que conlleva las bendiciones de hacer Su voluntad. 

El apóstol Pablo era muy confrontativo con los judai­zan­tes porque ellos no estudiaban las Escrituras, sino que, seguían instrucciones de tradiciones rabínicas, además, extraían de las Escrituras todo lo concerniente a interpretaciones humanas que tenía que ver con lo que les convenía a ellos, como las normas religio­sas y la autoridad.

El mismo Jesús tuvo que enfrentar a los fariseos, porque dejaron los manda­mientos de Dios para aferrarse a tradiciones de hombres, por eso les dice: “Y entonces anu­lan la palabra de Dios para transmitir su propia tradición. Y este es solo un ejemplo ­entre muchos otros”. Marcos 7:13NTV

Sabemos que Dios ha dado dones y talentos, y Él es que comisiona, nos capacita y nos envía. Ahora bien, si hemos sido llamados a colaborar en la obra del Señor, hagámonos las siguientes preguntas solo para evaluar: ¿Qué me inspira y me motiva a predicar a Cristo? ¿Me estoy sujetando a quien me llamó (¿al Señor o a hombres?), o lo hago desde mi propio parecer o sabiduría?  

¿Me dejo guiar para recibir el mensaje de acuerdo con lo que el Espíritu Santo me minis­tra en la Palabra? ¿Qué estoy haciendo con lo que Dios puso en mis manos? ¿De quién recibo las instrucciones? 

 

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Autor

Maricela Ortiz

Digital Press Platform

Equipo de redacción de Digital Press Platform.

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