Si Cristo es adorado en nuestro corazón todo lo que fluye será honra, adoración, lealtad y obediencia. Cristo es y debe ser nuestra motivación porque es en quien hemos creído, ya que, como cristianos debemos entender lo que creemos y por qué somos cristianos para poder defender el propósito eterno de Dios. Pero cuando nuestras motivaciones son erróneas podemos caer en personalizar el ministerio y hasta el evangelio de Cristo si estamos tan llenos de nosotros mismos y hasta vacíos del Espíritu Santo.
Ignorar al Espíritu Santo y hacer mal uso de Su obra ha sido la raíz de las problemáticas congregacionales, pues, vemos poco crecimiento espiritual; desórdenes estructurales de iglesias; muchos que desertan; confusión en ministros y creyentes… El Espíritu Santo nos recuerda todo lo de Cristo, nos redarguye, nos corrige y nos informa lo que Dios quiere y lo que vendrá; en este sentido, nuestra motivación debe estar sustentada en los méritos de Cristo, en el fundamento del evangelio y en obedecer Su Palabra.
Todo el que exhorta la Palabra debe saber que el sello de Dios es lo que hace crecer y validar la obra. Antes de construir hay que tener un permiso de la Municipalidad, el cual pone su sello de validación a esa obra. Por tanto, Dios no respalda lo que no tiene Su sello. Cuando el Señor coloca Su sello, te conviertes en embajador de Cristo, y te añade gracia, favor, misericordia y todo lo que conlleva las bendiciones de hacer Su voluntad.
El apóstol Pablo era muy confrontativo con los judaizantes porque ellos no estudiaban las Escrituras, sino que, seguían instrucciones de tradiciones rabínicas, además, extraían de las Escrituras todo lo concerniente a interpretaciones humanas que tenía que ver con lo que les convenía a ellos, como las normas religiosas y la autoridad.
El mismo Jesús tuvo que enfrentar a los fariseos, porque dejaron los mandamientos de Dios para aferrarse a tradiciones de hombres, por eso les dice: “Y entonces anulan la palabra de Dios para transmitir su propia tradición. Y este es solo un ejemplo entre muchos otros”. Marcos 7:13NTV
Sabemos que Dios ha dado dones y talentos, y Él es que comisiona, nos capacita y nos envía. Ahora bien, si hemos sido llamados a colaborar en la obra del Señor, hagámonos las siguientes preguntas solo para evaluar: ¿Qué me inspira y me motiva a predicar a Cristo? ¿Me estoy sujetando a quien me llamó (¿al Señor o a hombres?), o lo hago desde mi propio parecer o sabiduría?
¿Me dejo guiar para recibir el mensaje de acuerdo con lo que el Espíritu Santo me ministra en la Palabra? ¿Qué estoy haciendo con lo que Dios puso en mis manos? ¿De quién recibo las instrucciones?
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