El anillo

El anillo

Ni de matrimonio, ni graduación, es un anillo cuya circunferencia solo se abre para los favoritos del sistema, los exclui­dos no cuentan, solo son necesarios, en el caso de los políticos para las elecciones.

En este y otros países, estamos siendo arropados bajo un manto de desigualdades.

El país avanza en dos vertientes, la de los poderosos que componen las grandes fortunas y políticos al mando, los salientes ya millonarios y los que pugnan por tomar las riendas.

La llamada cosa pública, es una herencia y nepotismo, se nombra a personas en embajadas, ministerios, consulados, que harían mejor papel en un circo… 

¿Para qué estudiar? Basta con hacerse popular, lisonjear a los que están arriba, o meterse a políticos, lo que vale la pena, se divide entre castas.    

Aquí un millón, ni diez es nada, los gobiernos hablan de cientos y miles de millones destinados supuestamente a mejoras en cualquier renglón, los números a pesar de su importancia no son lo mío, me pregunto no obstante, dónde radica el bienestar producido por ese dinero.

La falta de oportunidades obliga a muchos dominicanos que se resisten a dejar su tierra, a convertirse en trashumantes sociales, como atenuante, les nombran embajadores encargados de paliar sus necesidades.

¡Que generosos!

Funcionarios y funcionarias, dándose la gran vida viajando en primera clase, “interesándose” por la suerte de los dominicanos.

El país avanza, los dominicanos somos comparones, tenemos celulares de última tecno­logía, las calles de Santiago, la capital y otras provincias, repletas de vehículos de alta gama, urbanizaciones dónde abundan los “casoplones”, algunas serán obtenidas en base a trabajo, eso es incuestionable.

Los gastos desmedidos denotan grandeza, hay que aparentar aunque sea a base de tarjetazos, mientras cerramos los ojos ante lo que merece atención.

Llover torrencialmente no es sorpresa aquí, en la capital, Cibao y a nivel nacional, las inun­daciones arrasan. 

¿Qué ha pasado? 

Lo de siempre, se inundan los pobres, situación que aprovechan los políticos para “rescatar”, ellos saben que para evitarlo lo procedente, habría que trabajar las áreas especiales, donde siempre suceden desastres, no lo hacen porque les conviene erigirse en salvadores, bajo la consigna de cajitas.

¡Desastre total! 

Nadie protesta, los medios callan y elogian la “entrega” de los políticos, existe una serie de programas facturando millones al mes, sus productores/as de programas enllaves de altas/os administrativos con poder, lógicamente transfor­man el mal en bien.

Quisiera ser de un país dónde su gente no tenga que esperar a que le donen cajitas de comi­da, que cada uno tenga un trabajo y gane con que comprarla, quisiera tener más espacio para ampliar estos conceptos, 450 palabras no son suficientes.

Me he pasado con 9 palabras, presento disculpas, porque no soy de saltarme las normas. 

 

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Autor

Miuris (Nurys) Rivas

Digital Press Platform

Equipo de redacción de Digital Press Platform.

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