Las cosas que decimos sin decirlas literalmente

Las cosas que decimos sin decirlas literalmente

(Dedicado a Domingo Caba Ramos y Orlando Alba, dos afanosos del lenguaje). 

No todas las personas caen en cuenta que podemos pensar sin que necesitemos del lenguaje, y sin embargo, el lenguaje es el principal factor influyente en lo que pensamos pese a ser tan ambiguo como lo es.

Los jóvenes que entre los años 1950 y 1960 tuvimos la dicha de asistir a la escuela y fuimos obligados por nuestros maestros de Educación Primaria y Educación Media a aprender las reglas y leyes que imperan en el lenguaje y que hacen posible que las ideas o pensa­mientos con sentido que surgen en nuestros cerebros puedan ser oídos o leídos por otras personas, todavía recordamos un libro de lectura obligatoria titulado “Lenguaje, pensamiento y realidad” (1956), escrito por Benjamín Lee Whorf (1897-1941). 

Aquel libro resumía que: “El lenguaje no es solo un instrumento que reproduce las ideas, es más bien y en sí mismo, el formador de ideas, una suerte de progra­ma que guía la actividad mental de las personas”. No era un libro de texto, pero tan pronto todos los taja­lanes de esa escuela aprendíamos a leer comprensivamente, pues debíamos saber y comprender los fundamentos de aquella obra.

El afamado lingüista Noam Chomsky (n. en 1928 y popularmente llamado el Sir de la lingüística moderna), dice que “el lenguaje viene a ser como el espejo de la mente”, y el profesor de Neuropsiquiatría que tuve en la Facultad de Medicina (UASD) hace 55 años, el doctor Andújar, nos enseñaba que  las palabras y la ­estructura de una lengua te dicen cómo es que funciona la mente humana.

Esa es la razón por la que en aquellos años nuestros profesores a partir del 6to. grado de Educación Primaria hasta el final del bachillerato se empeñaban en mostrarnos que solo mediante el aprendizaje de las reglas, alcances, límites y excepciones  de la  morfología, la fonología, la sintaxis y la semántica del lenguaje, era posible que los demás entendieran qué queríamos decir a través de las expresiones empleadas en el discur­so.

Y es que cuando usted habla o yo hablo, si queremos hacernos entender debemos adaptarnos al lenguaje de quien nos escucha. El hecho de que Juan Bosch sea hoy el referente nacional de la educación política del país, se halla en que fue el primer líder político e inte­lectual dominicano en adaptarse al lenguaje del ciuda­dano común. El lenguaje sociolectal usado por Bosch, se constituyó en una herramienta de oro para que él se convirtiera en un doble líder, de la enseñanza de  nuestra lengua y de la élite intelectual y de la comunicación de las ideas políticas en República Dominicana.   

Al hablar al otro, si sabemos cómo se configura la frase u oración dicha, podemos fácilmente lograr que el oyente piense no solo estrictamente en el significado literal de lo escuchado, sino también en algo que trascien­de a lo dicho y que ha quedado sin decirse lite­ralmente pero que el oyente ‘lo intuye’ como dicho aunque se “quedó sin salir del cerebro del hablante”.

Ahora, para que el lector común comprenda lo que estamos diciendo, pongamos dos ejemplos:

1.- -- Hoy cualquier aguacerazo  inunda  la capital y a Santiago, pero Abinader dice que los drenajes pluviales fueron cosas de Horacio Vásquez.   

2.- -- ¿Qué tú  opinas de que la gasolina bajará a 150 pesos el sábado?

 --Bueno, ya Donald Trump mandó abrir la cañada de Ormuz.

El lector puede ver en el primer ejemplo que al hablante atribuirle al presidente Abinader haber dicho que el drenaje pluvial era cosa de Horacio Vásquez, pues no dijo literalmente que el presidente se desentiende del grave problema de la ausencia de drenajes pluviales funcionales, pero con lo dicho insinuó que la culpa es del gobierno de Horacio Vásquez de hace 100 años. 

Y en el segundo ejemplo ocurre una situación seme­jante. En la respuesta dada a la pregunta sobre la rebaja de la gasolina, no se dice literalmente que aquí la gasolina es muy cara, sino que se da a entender que bajará de precio  porque Trump ordenó abrir el famoso canal Ormuz, con lo cual se insinúa que si está carísima no es por la tasa impositiva de nuestro gobierno.   

Es fácil notar en los dos ejemplos la sutileza con que podemos usar el lenguaje. Y a esas sutilezas se les llama “pragmática”, un área del lenguaje que estudia las frases y las oraciones sin decirlas expresamente.

  

 

 

 

 

 

 

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Autor

Pedro Mendoza

Digital Press Platform

Equipo de redacción de Digital Press Platform.

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