“El hombre que oculta su pasado se niega a sí mismo”.
En la entrega anterior dejábamos en el aire una pregunta que ha levantado ronchas entre los "legalistas" de nuestra ciudad: ¿Qué pesa más en la balanza de la justicia, el mal estacionamiento o el cobro del remolque? Para responder, no necesitamos ser jueces de la alta corte; basta con aplicar la lógica pura, esa que nos recuerda que, en el universo del orden público, "B" no existe sin "A".
La Ecuación del Orden: A + B. Para que nuestro cerebro, que siempre busca coherencia, entienda este conflicto, debemos desglosar la ecuación: "A" es la Infracción: El acto voluntario de ocupar un espacio prohibido, bloquear una rampa o ignorar una señal. "B" es la Sanción: El remolque de la grúa y la multa correspondiente.
La lógica es implacable: la sanción (B) es un hijo directo de la infracción (A). Sin el primer paso, el segundo es un imposible. Por lo tanto, centrar el debate en si la grúa tiene derecho a cobrar es un ejercicio de distracción. Es intentar borrar el efecto ignorando la causa.
La Trampa de la Negación. Como suelo repetir en mis reflexiones, “el hombre que oculta su pasado se niega a sí mismo”. En el caos del tránsito, esto se traduce de forma sencilla: el conductor que se indigna frente a la grúa está intentando ocultar su "pasado inmediato" (los diez minutos que dejó el carro mal puesto) para victimizarse en el presente.
Al enfocarnos solo en la "ilegalidad" del cobro, estamos sufriendo un cortocircuito mental. Es el mismo comportamiento del "borrachito" que niega su estado para atacar a quien intenta poner orden. Si queremos que "B" deje de existir en nuestras vidas, la solución no está en los tribunales, sino en nuestra conducta: simplemente debemos evitar que "A" suceda.
Educación vs. Resistencia. Santiago ni el país no necesitan más discusiones estériles sobre tecnicismos; necesitan ciudadanos que entiendan que el derecho ajeno es la frontera de nuestro propio deseo, o como dijera el paladín de libertad Benito Juárez: El respeto al derecho ajeno es la paz. Estacionarse mal no es una "falta menor", es una burla al derecho de todos a transitar.
El verdadero "pergamino" de un ciudadano, como diría el recordado padre Ramón Dubert, debería ser su capacidad de convivir en respeto. Antes de exigir que la autoridad sea "legal" en su forma de castigar, debemos ser nosotros "legales" en nuestra forma de circular.
Conclusión para el infractor: Si hoy tienes este artículo en tus manos mientras retiras tu vehículo, no busques culpables en la grúa. Mira hacia atrás, reconoce tu "A" y verás que, por lógica simple, tu "B" era inevitable. Calma, que, si entendemos esto, nuestro cerebro —y nuestra ciudad— empezarán a andar bien.
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